Eficacia clínica y radiográfica de la artroereisis con tornillo subtalar en el tratamiento del pie plano flexible pediátrico
Eficacia clínica y radiográfica de la artroereisis con tornillo subtalar en el tratamiento del pie plano flexible pediátrico
Farouk Khury, Emile Danto, Rita Taurman, Martin Faschingbauer
Recibido: 18 de noviembre de 2025 / Aceptado: 11 de enero de 2026
© El/los autor(es) 2026
Resumen
Fondo Se ha informado que la artroereisis subtalar constituye una técnica terapéutica eficaz para el pie plano flexible (PF) en niños. Aunque existen numerosos dispositivos para este procedimiento, la artroereisis subtalar con tornillos sigue utilizándose a nivel mundial. Por lo tanto, este estudio tiene como objetivo revisar nuevamente la artroereisis subtalar con tornillos (ASST) e investigar sus resultados.
Métodos Revisamos retrospectivamente 353 pies planos flexibles en 178 pacientes pediátricos sometidos a ASST entre 2007 y 2020. Se realizaron evaluaciones clínicas y radiológicas antes de la implantación y antes de la extracción. Se midieron ángulos radiográficos para cuantificar la corrección. Los análisis estadísticos incluyeron pruebas chi-cuadrado y pruebas t de Student para evaluar la mejoría clínica y el impacto de las variables sobre los resultados.
Resultados La edad media de los pacientes al momento de la implantación fue de 11,96 años. El 96,31 % de los pies mostró mejoría clínica posoperatoria. El análisis radiográfico demostró una corrección significativa en la mayoría (83,33 %) de las mediciones angulares, siendo el ángulo del calcáneo el que presentó el tamaño del efecto más elevado. Las complicaciones posoperatorias ocurrieron en el 41,08 % de los casos de pie plano flexible (FF), predominantemente dolor, y se resolvieron principalmente (84,13 %) mediante tratamiento no quirúrgico. El 4,25 % requirió revisión del implante, lo cual fue significativamente más frecuente en el grupo de menor edad y en el grupo femenino.
Conclusión La artroereisis subtalar (SSA) para el tratamiento del pie plano flexible (FF) en niños mostró resultados favorables respecto a la mejora de los aspectos clínicos y de las mediciones radiográficas. No obstante, es necesaria una indicación quirúrgica precisa.
Nivel de evidencia Investigación clínica retrospectiva — Nivel III.
Palabras Clave Artroereisis plana · Pie plano flexible pediátrico · Artroereisis subtalar · Artroereisis subtalar con tornillo · SSA
Introducción
El pie plano pediátrico es una deformidad tridimensional compleja del pie causada por el colapso del arco medial, la inclinación plantar del astrágalo y la eversión del calcáneo. Es uno de los trastornos esqueléticos pediátricos más frecuentes y una causa habitual de consulta ortopédica clínica. Aunque el enfoque terapéutico actual para el pie plano flexible (PF) asintomático consiste en la estrategia de «observación y espera», puede ser necesario intervenir en casos con dolor o limitación funcional. El tratamiento varía desde medidas no quirúrgicas, como la modificación del calzado, medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), fisioterapia y ejercicios de estiramiento —dirigidos también a comorbilidades como obesidad, hipotonía y hiperlaxitud ligamentosa— hasta procedimientos quirúrgicos de tejidos blandos, osteotomías de realineamiento y procedimientos no fusiónales de la articulación subtalar.
Desde su primera descripción en la literatura por Chambers en 1946, la artroereisis subtalar (AS) ha sido uno de los procedimientos mínimamente invasivos más debatidos para el tratamiento de la pie plano flexible sintomático (PF). La controversia se debe al hecho de que, aunque varios estudios han demostrado que puede mejorar el dolor, la deformidad y la función en el PF, también conlleva tasas relativamente altas de complicaciones (en particular, dolor del seno tarsiano y extracción del implante), resultados inconsistentes, indicaciones y contraindicaciones poco definidas (especialmente respecto a la edad, la gravedad y la necesidad de procedimientos complementarios) y una escasez de evidencia de alta calidad a largo plazo. A pesar de los informes sobre diversas técnicas e implantes para AS, los principios ortopédicos aplicados siguen siendo incuestionables: la corrección de la pronación excesiva del pie, el valgo del retropié y la altura del arco medial mediante la introducción directa o indirecta de un implante en el seno tarsiano. Entre estas opciones, el tornillo sigue siendo un implante ampliamente preferido debido a su simplicidad, fiabilidad mecánica rígida y amplia disponibilidad, en comparación con dispositivos más recientes biodegradables o expansibles. Sin embargo, estas ventajas van acompañadas de un inconveniente notable: con frecuencia se requiere un segundo procedimiento para la extracción del implante.
Aunque se han publicado varios informes clínicos, radiológicos, cinemáticos, biomecánicos y pedobarográficos, los resultados clínicos y radiológicos exactos del pie plano (FF) pediátrico tratado con artroereisis subtalar mediante tornillo (SSA) siguen siendo poco claros. Por lo tanto, este estudio, que incluyó un elevado número de pacientes pediátricos con FF, se llevó a cabo para describir los resultados tras la SSA, respondiendo a las siguientes preguntas: 1. ¿Cuáles son los resultados tras la SSA? 2. ¿La SSA conduce a una mejoría clínica del FF pediátrico? 3. ¿Puede la SSA contribuir a la corrección radiológica del FF pediátrico? 4. ¿Qué factores se correlacionan con el desarrollo de complicaciones posoperatorias?
Métodos
Cohorte
Diseño del estudio
Este estudio es una revisión retrospectiva de pacientes pediátricos tratados por FF con la técnica de SSA en nuestra institución entre 2007 y 2020.
El curso de atención fue el siguiente:
1. Visita basal: los pacientes fueron evaluados inicialmente, tanto clínica como radiológicamente, y diagnosticados con FF basándose en su evaluación clínica y radiológica en nuestra clínica ambulatoria de consulta externa. Como parte de la evaluación preoperatoria, todos los pacientes tenían un historial documentado de síntomas y habían recibido un tratamiento no quirúrgico estandarizado, que incluía modificación de la actividad, calzado de soporte, estiramientos/fisioterapia y plantillas ortopédicas. En los casos en que el tratamiento no quirúrgico no producía alivio del dolor ni una mejora radiológica significativa dentro de los tres meses, se ofrecía entonces el tratamiento quirúrgico mediante SSA tras la agotamiento de las medidas conservadoras.
2. Implante: los pacientes fueron sometidos a SSA.
3. Primera revisión posimplante: examen clínico y radiológico seis semanas después del implante.
4. Segunda revisión posimplante: examen clínico y radiológico antes de la extracción del implante.
5. Explicación: los pacientes habían sido sometidos a la extracción del tornillo, ya sea por haber alcanzado la madurez esquelética o por presentar una complicación.
6. Seguimiento posoperatorio tras la extracción: exploración clínica seis semanas después de la retirada del implante.
El intervalo medio entre las radiografías previas a la implantación y las previas a la extracción fue de 49,76 meses (rango: 4 a 135 meses).
Las complicaciones posoperatorias se definieron como déficits sensoriales posoperatorios, dolor (tras una lesión traumática o sin lesión traumática), trastornos de la cicatrización de la herida (definidos como cicatrización retardada o dehiscencia, excluyendo infecciones del sitio quirúrgico), contractura o espasmo peroneo y fracturas.
Criterios de selección de los pacientes e indicación quirúrgica
En este estudio se incluyeron niños con crecimiento esquelético residual, pie plano (FF) sintomático idiopático, que no habían sido sometidos previamente a cirugía, que no presentaban patologías neurogénicas ni neuromusculares, incluido el pie plano rígido, que contaban con documentación clínica y radiológica completa previa y posterior a la cirugía, y que habían sido sometidos a dos intervenciones quirúrgicas: la implantación de un tornillo de artroereisis subtalar durante el período de crecimiento esquelético y su extracción tras la detención del crecimiento esquelético en nuestro centro. La detención del crecimiento esquelético se evaluó mediante radiografías para valorar el cierre físico, teniendo en cuenta la edad cronológica del paciente y su madurez esquelética esperada.
El diagnóstico de pie plano flexible idiopático se estableció mediante una combinación de hallazgos clínicos y radiográficos. Clínicamente, los pacientes presentaban un arco longitudinal medial colapsado, valgo del retropié y abducción del antepié que se corregía con la elevación del talón (prueba de Jack). Radiográficamente, las radiografías laterales y dorsoplantares bajo carga demostraron desviaciones angulares características, incluyendo un ángulo de Meary mayor de 4°, una inclinación calcánea menor de 20°, un ángulo de Costa-Bartani mayor de 125°, un ángulo de declinación talar mayor de 30°, un ángulo talocalcáneo frecuentemente mayor de 35° y un ángulo talometatarsiano frecuentemente mayor de 20°. La intervención quirúrgica con artrodesis subtalar (SSA) estaba indicada en casos de pie plano flexible sintomático tras la agotamiento de las medidas conservadoras (como la modificación del calzado, los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, la fisioterapia y los ejercicios de estiramiento) y en presencia de dolor y limitación funcional.
La consulta primaria a la base de datos arrojó los datos de 399 pacientes potenciales (794 pies) tratados con artroereisis del seno tarsal: dos pacientes (cuatro pies) fueron excluidos por haber sido operados en otro centro, 185 pacientes (369 pies) fueron excluidos porque ya no presentaban crecimiento esquelético residual, lo que refleja madurez esquelética, tres pacientes (seis pies) fueron excluidos por trastornos neuromusculares, ocho pacientes (16 pies) fueron excluidos por haber sido sometidos previamente a cirugías y 23 pacientes (46 pies) fueron excluidos por presentar otras anomalías del pie. Tras el proceso de exclusión, 178 pacientes (353 pies) cumplieron los criterios de inclusión y fueron elegibles para el análisis (Fig. 1).
Artroereisis subtalar
Implante
A los pacientes se les implantaron tornillos esponjosos de acero inoxidable, ya fuera canulados o no canulados, con longitudes disponibles de 25 a 40 mm y diámetros de 6 o 6,5 mm.
Técnica operatoria
Todas las cirugías fueron realizadas por dos cirujanos adjuntos experimentados de la unidad de ortopedia pediátrica. La información sobre la técnica operatoria está disponible en el archivo complementario.
Cuidados posoperatorios
Se permitió la carga completa inmediatamente después de la cirugía, según lo tolerado por el paciente. Las suturas cutáneas se retiraron el día 14 posoperatorio. Se prohibieron las actividades deportivas durante seis semanas. Los pacientes acudieron a una consulta ambulatoria clínica y radiológica de seguimiento seis semanas después de la cirugía. Se consideró que había mejoría clínica cuando disminuían el dolor y la molestia, se corregía la pronación excesiva del pie y el valgo del retropié, y se mejoraba el arco medial. En ausencia de un instrumento validado de resultados autoinformados por el paciente, la «mejoría clínica» se definió como una combinación de alivio subjetivo de los síntomas y signos físicos objetivos evaluados por un especialista en pie y tobillo pediátrico con más de 20 años de experiencia. Concretamente, la mejora se identificó mediante: (1) la restauración del arco longitudinal medial, (2) la corrección del valgo del retropié a una posición neutra o ligeramente en varo y (3) un antepié neutro, sin abducción.

Radiografías
Protocolos
La información está disponible en el archivo complementario.
Mediciones angulares
Para evaluar el grado de corrección, se midieron seis ángulos diferentes (cuatro en vista lateral y dos en vista dorsoplantar) en las radiografías previas a la implantación y previas a la explantación por dos de los autores (coeficiente de correlación intraclase (CCI) = 0,98 utilizando el visor universal CentricityTM (versión 6.0, GE Healthcare): ángulo de Meary (MA) (rango normal: 0° ± 4°), inclinación del calcáneo (CP) (rango normal: 20°–30°), ángulo de Costa-Bartani (CB) (rango normal: 120°–125°) y ángulo de declinación del astrágalo (TD) (rango normal: 20°–30°), medidos en vistas laterales; y ángulo talocalcáneo (TC) (rango normal: 15°–35°) y ángulo talmeta-tarsiano (TMT) (rango normal: 0°–20°), medidos en vistas dorsoplantares (Fig. 2). Los evaluadores estaban cegados respecto al momento temporal (previo a la implantación frente a previo a la explantación) de las radiografías para minimizar el sesgo.
Análisis estadísticos
Se utilizó el sistema de historias clínicas electrónicas de nuestra institución para recopilar los datos demográficos de los pacientes (edad, sexo, índice de masa corporal [IMC]), factores preoperatorios relacionados con el tratamiento y el dolor, los datos del SSA y las imágenes radiográficas. Los indicadores de calidad consistieron en los resultados clínicos y radiográficos posoperatorios. Además de las estadísticas descriptivas, el modelo estadístico incluyó dos pruebas principales: 1) la prueba de chi-cuadrado (χ²) de independencia para evaluar las diferencias entre variables categóricas y la mejoría clínica, así como las complicaciones posoperatorias, y 2) la prueba t de Student (o ANOVA, cuando fuera aplicable para múltiples grupos) para evaluar el cambio en variables continuas (mediciones angulares) y su efecto sobre la mejoría clínica. Debido al carácter retrospectivo del estudio, la gradación detallada de la gravedad y la duración exacta de cada complicación no estuvieron disponibles de forma sistemática para todos los casos. No obstante, se definió como «resuelto» la mejoría reportada por el paciente y la ausencia de dolor tras los tratamientos no quirúrgicos especificados. Los resultados se presentaron con intervalos de confianza del 95 % (IC) para indicar la precisión de las estimaciones. En los casos en que se obtuvo un valor p significativo, se informaron el coeficiente V de Cramer (para variables categóricas) y la d de Cohen (para variables continuas) para demostrar el tamaño del efecto del hallazgo: ≤0,1 (V) y ≤0,2 (d) (asociación débil), 0,1–0,3 (V) y 0,2–0,6 (d) (asociación moderada), ≥0,5 (V) y ≥0,6 (d) (asociación fuerte). Dado que 175 de los 178 pacientes se sometieron a SSA bilateral, reconocemos la posible correlación intra-paciente. Aunque las estadísticas descriptivas se presentan a nivel de pie, la significación estadística de los análisis inferenciales se interpretó teniendo en cuenta esta posible falta de independencia. El nivel de significación se estableció en p < 0,05 y se aplicó la corrección de Bonferroni para ajustar los valores p debido al mayor riesgo de error tipo I al realizar múltiples análisis estadísticos. Si bien la corrección de Bonferroni se aplicó para mitigar el riesgo de errores tipo I derivados de comparaciones múltiples, reconocemos que los modelos multivariantes podrían ofrecer un ajuste más exhaustivo para variables de confusión como la edad, el sexo, el IMC y el tiempo de seguimiento. Esto se considerará en futuros estudios prospectivos. Todos los análisis estadísticos se realizaron mediante el software IBM SPSS versión 23 (IBM Corporation, Armonk, Nueva York, Estados Unidos). Todas las variables incluidas en los análisis contaban con datos completos, sin valores faltantes.



Resultados
Datos demográficos de los pacientes y resultados primarios
Se analizaron minuciosamente los datos de 178 pacientes (353 pies) (168 (47,59 %) mujeres y 185 (52,41 %) hombres) que se sometieron a artrodesis subtalar (SSA) entre diciembre de 2007 y julio de 2018. El tiempo medio de seguimiento fue de 51,47 ± 20,21 meses (rango: 4–135 meses). Ciento setenta y cinco pacientes fueron sometidos a SSA bilateral, de los cuales 141 fueron operados en el mismo acto quirúrgico y 34 en fechas distintas. Preoperatoriamente, 30 pies (8,50 %) presentaban calzado desgastado. En 22 pies (6,65 %) se observó acortamiento de los músculos de la pantorrilla y en 6 pies (1,70 %) se observó tropiezo. El dolor se localizaba principalmente en la región medial (28,61 %). En 177 pies (51,14 %) se había aplicado previamente un tratamiento no quirúrgico específico; de ellos, 161 (90,96 %) recibieron plantillas ortopédicas y 16 (9,04 %) fisioterapia.
En el momento de la implantación, la edad media fue de 11,96 ± 1,46 (5,67–14,75) años y el índice de masa corporal (IMC) medio fue de 19,02 ± 3,23 (12,82–32,89) kg/m². La mayoría de los pacientes (67,42 %) presentaban valores normales de IMC, el 22,38 % tenían sobrepeso, el 6,80 % eran obesos y el 3,40 % tenían bajo peso. La duración media de la cirugía de implantación por pie fue de 17,26 ± 6,32 (7,5–69,5) minutos. El 99,44 % de las cirugías de implantación no presentaron complicaciones. En un pie se produjo una complicación intraoperatoria consistente en la rotura de una aguja de Kirschner, que se dejó in situ, y en otro pie fue necesario ampliar la incisión quirúrgica. Tras la cirugía de implantación, los pacientes permanecieron hospitalizados entre dos y ocho días, con una media de tres días. Es fundamental destacar que varios pacientes fueron ingresados un día antes de la cirugía. El implante se retiró 49,76 ± 20,37 meses después de la artrodesis epifisaria temporal (AET), sin que se informara de ninguna complicación. En el momento de la retirada, la edad de los pacientes era de 16,15 ± 1,4 (10,42–19,76) años.
Mejoría clínica
En la primera visita ambulatoria posoperatoria, se observó una mejoría informada por el clínico en 340 pies (96,31 %), manifestada como reducción del dolor y la molestia, corrección de la pronación del pie y del valgo del retropié, y mejora del arco medial. El análisis estadístico demostró que el grupo de menor edad [5–10] años presentó una mejoría clínica débil, aunque significativa, en comparación con los grupos mayores (96,96 % frente a 96,26 % y 96,23 %; p < 0,01; V = 0,089). El sexo del paciente, el IMC, el calzado desgastado, los músculos de la pantorrilla acortados, las caídas y el estado previo de tratamiento no mostraron un efecto significativo sobre la mejoría clínica.
Corrección radiográfica
Ángulo de Meary (MA)
Antes de la SSA, el valor medio del ángulo de Meary fue de 21,77° ± 8,19° (1°–50°). Tras la explantación, los valores disminuyeron a 14,74° ± 8,22° (0°–40°), con una diferencia de -7,1° ± 7,6°.
Ángulo de inclinación calcánea (CP)
Aumentó 2,1° ± 3,14°, pasando de 15,75° ± 4,33° (0°–32°) a 17,92° ± 4,76° (4°–32°).
Ángulo de Costa-Bartani (CB)
Disminuyó en 9,31° ± 6,35°, de 136,83° ± 7,78° (112°–159°) a 127,57° ± 7,65° (109°–155°).
Ángulo de declinación talar (TD)
Disminuyó en 3,97° ± 6,19°, de 36,52° ± 6,53° (9°–58°) a 32,62° ± 6,26° (14°–51°).
Ángulo talocalcáneo (TC)
Disminuyó en 2,48° ± 7,39°, de 28,73° ± 6,52° (6°–50°) a 26,19° ± 7,46° (2°–47°).
Ángulo talometatarsiano (TMT)
Disminuyó en 2,81° ± 7,99°, de 13,65° ± 7,38° (0°–40°) a 10,65° ± 7,57° (0°–39°).
Tras el tratamiento, cinco de los seis ángulos medidos (83,33 %) mostraron valores que se acercaban al rango normal. Todas las mediciones angulares, excepto la TD, presentaron tamaños del efecto moderados a fuertes (d = 0,628–0,915). La CP exhibió el tamaño del efecto más fuerte (d = 0,915; IC del 95 %: 0,850–0,980).



Complicaciones posoperatorias
En la primera consulta ambulatoria posoperatoria de seguimiento, el 41,08 % de la cohorte presentó complicaciones. La gran mayoría se debió a dolor posoperatorio (33,14 %). El 2,83 % presentó déficits sensoriales, el 2,55 % contractura o espasmo peroneo, el 2,27 % trastornos de la cicatrización de la herida y el 0,28 % fracturas. Tras el tratamiento, el 84,13 % de los pacientes informó mejoría y ausencia de dolor. El 4,25 % requirió revisión del implante debido a pérdida de la corrección, dolor persistente o irritación mecánica.


Discusión
El método Ilizarov es recomendado por diversos autores para el tratamiento de la pseudartrosis de la tibia, ya que resulta altamente eficaz para lograr la unión ósea, tratar una posible infección, corregir la discrepancia de longitud de los miembros y la desalineación axial, así como eliminar las contracturas articulares. 1,2,3,4,5,7,8,9,10,11,12,13,14,15,17,18,19.
Existen diversas estrategias terapéuticas recomendadas para el tratamiento de las pseudartrosis de la tibia mediante el método Ilizarov. 2,3,4,5,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,19,20,21,22se han demostrado buenos resultados terapéuticos con el uso de distintas estrategias de tratamiento. 2,3,4,5,6,7,8,11,12,13,14,15,16,18,19,20estas incluyen: fijación únicamente. 9,12,15,17,18fijación y compresión. 7,20; fijación, resección segmentaria y transporte óseo 2,4,6,12,14,15,19,20,21; y fijación, resección y compresión con transporte óseo 5,7,8,10,11,13,14,20. Eralp observó buenos resultados terapéuticos en las pseudartrosis infectadas de la tibia tratadas mediante fijación y compresión combinadas o mediante fijación, resección y compresión combinadas con transporte óseo 7. Sin embargo, diversas técnicas quirúrgicas y estrategias terapéuticas pueden afectar los resultados de maneras que actualmente no se conocen. McNally et al. evaluaron el efecto de cuatro estrategias y técnicas terapéuticas distintas utilizadas en la pseudartrosis infectada de la tibia sobre los resultados del tratamiento en 79 pacientes 20. Estas estrategias y técnicas fueron: distracción monofocal, compresión monofocal, compresión/distracción bifocal y transporte óseo 20se observó una recurrencia de la infección posoperatoria en tres pacientes del subgrupo de compresión monofocal. Las tasas de consolidación ósea primaria fueron las más bajas (73,7 %) en el subgrupo de compresión monofocal y las más altas en los subgrupos de compresión/distracción bifocal (93,8 %) y de distracción monofocal (96,2 %). Los autores concluyeron recomendando no utilizar la compresión monofocal en el tratamiento de la pseudartrosis de la tibia. 20.
Nuestro estudio demostró consolidación ósea en el 100 % de los pacientes, un resultado comparable, o incluso ligeramente superior, a los descritos en la bibliografía (73,7–100 %) (Tabla). 71,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,15,16,17,18,19,20,21,22la estrategia terapéutica y la técnica quirúrgica no tuvieron efecto sobre la proporción de pacientes que lograron la consolidación ósea en los subgrupos individuales.

No se han realizado estudios que evalúen el número de complicaciones en función de la estrategia terapéutica empleada y la técnica quirúrgica. Nuestra población de estudio, según el subgrupo, presentó entre 0,25 y 0,47 complicaciones por paciente, lo que constituye un resultado ligeramente mejor que los reportados en la literatura, cuyos valores oscilan entre 0,67 y 2,27, Tabla 72,3,4,19se observó que las estrategias terapéuticas y las técnicas quirúrgicas empleadas no tuvieron efecto sobre el número medio de complicaciones por paciente.
No existen informes disponibles procedentes de estudios que evalúen la duración del tratamiento con fijador externo estratificada según distintas estrategias terapéuticas y técnicas quirúrgicas. En conjunto, la duración media del tratamiento varía entre 5,8 y 13,5 meses 2,3,4,5,6,8,9,16,19. Estas cifras son similares a las nuestras. No observamos ningún efecto de las estrategias terapéuticas o técnicas quirúrgicas evaluadas sobre la duración del tratamiento con Ilizarov.
Las puntuaciones óseas ASAMI reportadas por Abuomira fueron: 51 % excelentes, 33 % buenas, 9 % regulares y 7 % deficientes 5. Khan observó puntuaciones óseas ASAMI del 25 % excelentes, el 58,3 % buenas, el 4,2 % regulares y el 12,5 % deficientes 9. Meleppuram obtuvo puntuaciones óseas ASAMI del 60 % excelentes, el 15 % buenas y el 25 % regulares 15. Ninguno de los autores citados aquí evaluó las puntuaciones óseas ASAMI estratificadas según la estrategia terapéutica y la técnica quirúrgica empleadas.
. Las estrategias terapéuticas y las técnicas quirúrgicas empleadas en nuestra población de pacientes evaluada no produjeron diferencias significativas en las puntuaciones óseas ASAMI resultantes.
. Las puntuaciones funcionales ASAMI informadas por Abuomira fueron del 45 % excelentes, el 38 % buenas, el 9 % regulares y el 7 % deficientes 5. Khan observó puntuaciones funcionales ASAMI del 33,3 % excelentes, el 50 % buenas, el 8,35 % regulares y el 8,35 % deficientes 9. Meleppuram informó puntuaciones funcionales ASAMI del 55 % excelentes, el 30 % buenas, el 5 % regulares y el 10 % deficientes 15. La bibliografía relevante no contiene estudios que evalúen las puntuaciones funcionales ASAMI estratificadas según la técnica quirúrgica y la estrategia terapéutica empleadas.
En nuestro estudio, se observó que la estrategia de tratamiento no tuvo efecto sobre la puntuación funcional ASAMI. Sin embargo, en lo que respecta a las técnicas quirúrgicas, los pacientes sometidos a fijación cerrada obtuvieron puntuaciones funcionales ASAMI significativamente más altas que los pacientes sometidos a fijación abierta. Esto podría deberse a una mejor cicatrización de los tejidos blandos y de la herida quirúrgica.
Somos conscientes del hecho de que el tratamiento de las pseudartrosis infecciosas y asépticas puede producir resultados diferentes. Desafortunadamente, existe una escasez de publicaciones que aborden específicamente el tratamiento de la pseudartrosis aséptica en la literatura relevante disponible. Nuestro estudio es uno de los primeros en analizar las técnicas y estrategias disponibles empleadas en el tratamiento de pseudartrosis con un fijador Ilizarov.
La literatura disponible indica que la estancia media hospitalaria para el tratamiento de pacientes con pseudartrosis tibial mediante un fijador externo oscila entre 5 y 105 días. 4,12,16estas estadísticas son ligeramente peores que las obtenidas en nuestro estudio. No observamos ningún efecto de la técnica quirúrgica empleada ni de la estrategia terapéutica sobre la duración de la estancia hospitalaria.
La complicación más frecuente observada en nuestra población de estudio durante el tratamiento con un fijador externo Ilizarov fue la infección del trayecto de los clavos de Kirschner. Dichas infecciones suelen responder bien a antisépticos tópicos y a tratamiento antibiótico oral en régimen ambulatorio. Las infecciones profundas que afectan a los tejidos blandos y al hueso requieren hospitalización, desbridamiento quirúrgico y sustitución de los clavos de Kirschner, lo que alarga significativamente el proceso de curación (mediana: 189,0 días frente a 248,5 días).
El transporte óseo es un procedimiento más complejo que la compresión/distracción. Pueden surgir problemas para lograr un buen contacto entre los extremos óseos y garantizar la unión ósea en el sitio de acoplamiento; además, pueden aparecer más complicaciones y la duración del tratamiento puede ser mayor. 5los procedimientos de fijación abierta en pacientes con pseudartrosis son más complejos que los de fijación cerrada. La compresión continua resulta más molesta para los pacientes con pseudartrosis que la fijación neutra sin compresión.
Observamos mejores resultados en la puntuación funcional ASAMI en los pacientes sometidos a fijación cerrada que en el grupo sometido a fijación abierta.
Las distintas técnicas quirúrgicas no tuvieron efecto sobre el número de complicaciones, las tasas de consolidación ósea, la duración de la estancia hospitalaria, la duración del tratamiento con Ilizarov ni las puntuaciones óseas ASAMI.
Las distintas estrategias terapéuticas no tuvieron efecto sobre el número de complicaciones, las tasas de consolidación ósea, la duración de la estancia hospitalaria, la duración del tratamiento con Ilizarov, las puntuaciones óseas ASAMI ni las puntuaciones funcionales ASAMI.
Se necesitan estudios multicéntricos y aleatorizados para elaborar las guías sobre el tratamiento de las pseudartrosis asépticas de la tibia. No obstante, nuestro estudio puede considerarse un intento de evaluar diversas técnicas y estrategias en el tratamiento de la pseudartrosis tibial y de presentar las experiencias de nuestro equipo.
Para el manejo de las pseudartrosis tibiales recomendamos la técnica de fijación cerrada sin compresión continua.
No obstante, el uso del método Ilizarov en el tratamiento de las pseudartrosis tibiales arroja buenos resultados, independientemente de la técnica quirúrgica o la estrategia terapéutica empleada.
Limitaciones
Diseño retrospectivo, posible falta de independencia entre los pies bilaterales, ausencia de grupo control, carencia de medidas validadas de resultados autoinformados por el paciente, limitación en la obtención de imágenes dinámicas, efectos débiles para algunos hallazgos significativos y protocolo posoperatorio específico de la institución.
Las conclusiones
La SSA es una técnica mínimamente invasiva asociada con una mejora clínica significativa y una corrección radiográfica en la FF pediátrica. Una menor edad al momento de la cirugía se correlacionó con mejores resultados. La tasa de complicaciones fue elevada, pero en su mayoría fueron leves y manejables. La selección cuidadosa de los pacientes es esencial.
Referencias
(La lista completa de referencias está disponible en el documento original)
Declaraciones
Conflicto de intereses: Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Acceso abierto: Este artículo está licenciado bajo una Licencia Internacional Creative Commons Atribución 4.0.